// Quizá la esperanza ya no será nuestro caso, la destrucción no ha escatimado sobre ambos. Éste puede ser el último puñado de palabras para vos o eso creería, porque muchas veces, en muchas historias, los puntos finales se convierten en suspensivos por obra de fantasmas y de duendes. Algo en mí quisiera, a decir verdad, un punto seguido no un punto cortante, de esos que hacen esconder el

Fotografía proporcionada por El Espectador "La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose." J. C Sé que toda la vida me vas a quitar el aire desde allá, donde no puedo hacer nada al respecto, nada para nosotros. En vos estaba haciendo una búsqueda infructífera, dando cosas que no volverían a mí. Y no me vengas con aquello

 // Fotografía por Felipe Giraldo Sentado sobre las flores he apagado la luz que el sol filtraba por los barrotes de mi celda, descansa mi voluntad en un rincón sucio, lleno de fisuras por donde se asoman larvas y sanguijuelas hambrientas que se alimentan y sorben mi hiel condensada. El viento frío se cuela por las grietas de la puerta guardiana de mi destierro anémico, un invitado pronosticando avernos, posado como

Andrés Burgos nació en Medellín en 1971. Su obra se basa principalmente en la producción literaria, tres novelas publicadas, entre las cuales se encuentra Mudanza, que habla sobre la relación amorosa de una mujer y el impacto social de un inmigrante en los Estados Unidos. Manual de pelea, una historia tocada en su trasfondo por la Colombia consumida por el narcotráfico en los años

Ilustración por Adrián Estrada (Publicada en La Astilla en el Ojo // Ciudad Gótica) ADIÓS ES UNA PALABRA HUECA "Sentir que la saliva te pide explicaciones y ternura." Juan Vicente Piqueras Siempre, amada mía, será difícil decir adiós. Tener el cuerpo fuera del alma, sentir el corazón hecho un despojo. Creer que el recuerdo no traerá de nuevo el sabor de los labios, el calor de las manos, la música

 // Ilustración por Felipe Castaño (Publicada en La Astilla en el Ojo // Ciudad Gótica) Queda usted de testigo, me dijo y corrió con velocidad. -Yo sólo miré cómo la noche espesa y cruel me acompañaba, abrazando el miedo que me subió de la séptima a la diez. No logré correr tanto como él, pero estoy seguro que el miedo, mi miedo, le ganaba a

Ser sobrino del señor de Otraparte, el filósofo y escritor Fernando González, es un honor que Tomás González ha sabido llevar con orgullo y con honor, pues durante sus años de trayectoria ha creado obras literarias que lo ubican como uno de los mejores escritores modernos de Colombia, está al mismo nivel de autores del renombre de Fernando Vallejo, William Ospina o Héctor

 // SERJIO VILLARROEL Verdad y Belleza eran considerados valores inseparables. La fascinación de conocer el mundo traía consigo el canto, los frutos de la tierra. Para las sociedades primigenias el mito era la fuente de la vida, su ley, su porvenir, su unión con la divinidad ¡Qué era el conocimiento sino el arte de soñar bajo el sol! La larga jornada del homínido se

Existen terrazas desde donde se puede mirar el alma del que está mirando. Esos lugares, tan mágicos como peligrosos se hayan más allá de la línea que separa el pecado de la culpa. Para subir a ellas es necesario dejar a un lado lo aprendido, desaprender; es una exigencia saber qué se sabe para olvidarlo, o al menos, para cuestionarlo hasta lograr la negación

Del Poeta de la Kawasaki 125 A los Escritores de Mente Brillante Como los pasos, la palabra avanza y su ritmo cardiaco son las ideas que animan el paisaje. Giran locos los planetas, apreciado lector: no pidas cordura, este mundo es un mal entendido. Por ello es necesario leer y escribir y caminar ¡Hace falta aire, tiempo, distancia!. Salir entonces, confundirse con la gente ordinaria

// Fotografía por Felipe Giraldo Un par de libros, unas prendas que ya no querré usar cuando llegue a mi destino, una máquina que afeita menos y lacera cada vez más, un cuaderno nuevo para los apuntes que quizá no vuelvan a ser leídos, una cámara digital para guardar los recuerdos de los que ya no quiera hablar, una bolsa repleta de incertidumbre, un

Qué abrumante el desconsuelo, y más allá, el vicio al Ego. ¿Cómo despegar sin ser ajenos?, siendo humanos tan corrientes, siendo alquimia y a ratos cielo. Expectantes vamos todos, todos pocos, pocos vemos. Qué ironía la palabra, y dentro de ella, tantas almas condenadas. ¿Cómo soñar en el camino?, siendo el asfalto infértil, los pies un esclavo, y la mente un punto fijo. Consciente no va nadie, nadie es mucho, somos todos. Qué angustia el ser humano, y sin embargo, maravillosa

  Sólo se necesita vivir para entender la muerte. Sólo se necesita leer para entender la muerte. Sólo se necesita vivir para entender la muerte. Andrés lee: Sólo se necesita vivir para entender la muerte; sólo se necesita vivir para entender la muerte y la muerte sólo necesita de un vivo para entenderlo muerto. Andrés vive entre dos paredes de libros, una gruesa, alta y firme y otra

 Caminando por el infinito empiezo a ver colores, caracoles, estrellas en movimiento, gotas de sangre de colores, un arco iris en la oscuridad, la luna colgada de un mueble en el universo de la mente de un niño en un espacio muy lejano. Caminando por la franja veo los unicornios con alas de murciélagos, un mono-araña jugando con un triciclo mientras todos bailamos en una piscina de chocolate, llueven las

 Hace pocas horas, me ocurrió el acto más simple, pero quizá el más extraordinario de mi existencia hasta hoy, puede sonar a simpleza, puede sonar a mil cosas más, pero creo que por primera vez en mi vida, fui “victima” de un verdadero acto de amor por el ser humano, un acto desinteresado, por ese ser que es nuestro hermano, no de sangre,

Son pasadas las tres y la ciudad está gris. Camila espera a la entrada de un cine del centro a Juan, su novio. La película inicia y en la pantalla saluda sin gracia pero con mucha expresividad una actriz flaca, alta y llena de maquillaje en la cara.   - Vamos tarde; ya tengo las boletas y hoy no quiero maíz. Sale de una esquina un

 Segundo día de trabajo, mi jefe me mira serio, preocupado y me dice «Mira Luciana, así se prepara el mate, ¿ves? Esta es la medida justa de la yerba…» En un instante mi ego grita enloquecido y lleno de rabia, quiere salir, quiere defenderse. Con una sonrisa tranquila y un «Bueno, la próxima me va a salir mejor» logro callarlo, pero no puede respirar, las palabras

 // “Y no se como se llama…” ¡Ah, y tampoco me importa! Una tarde como muchas otras, el encierro obliga a salir, paredes y rejas que me separan del mundo. Largas calles, andenes angostos, transeúntes sin cesar, semáforos, carros, plazas, un sin número de personas por follar. La ciudad de la furia me ha quedado chica, sus edificios fálicos, el olor a asfalto, el sexo callejero de los perros, y los maullidos orgásmicos