Todos somos un trozo de la Venus de Masoch, no por el masoquismo, sino por el deseo tibio que se desliza callado por todo nuestro cuerpo; pero este silencio no se limita para crear estragos, por el contrario él nos hace su presa, y nos vuelve partícipes de sus catástrofes. Con esto debemos aprender a vivir, pues el deseo no se frena hasta