Ay Días Chiqui
Nos encontramos de nuevo Chiqui, en esta ocasión, tu habitación fue una pequeña Sala de Teatro, estabas muy nerviosa, tenías mucho miedo; pero nada que no se cure con la noche ¿no?. Nos contaste de La Toti, La Gorda y de Roger; de tu peluca fucsia, de ese Periódico ochentero que nos señalaba, nos eliminaba de la sociedad pulcra donde no cabemos los "no-ciudadanos". Qué cortas fueron las emociones que sentimos juntos, en
Una taza de café
Arreglábamos el reloj para más tarde. Parecía rara esa afición de pensar en el tiempo, en el final, en el café del amanecer. De todas las sombras de la habitación concurrían los aromas de la caída del sol. Nos habituábamos a ese rito de noctámbulos feroces, de roedores rabiosos, de hienas malheridas. Carla amaba su habitación, casi tanto como a su