La Misma
Ya no, aquel salto tímido que me robaba una sonrisa, Ahora es tan solo amotricidad. El hecho de que no comprendas mis palabras ya no es fraterno, la ingenuidad ya no conquista, aquella incomprensión disfrazada de sonrisa se me hunde en la desgana. Y ahora en la cama, Tus grandes y pequeños senos apenas si me tientan. Atónito, veo a las sábanas repartir tiquetes de ida, sin regreso, con
Inhumano
Sus ojos eran luz imprescindible de desaire, como si la arrogancia le hubiese robado el alma, sus movimientos lentos, como parte de una revolución, un olor a hierro en mi imaginación, un desgome de sensaciones, un dolor de parto, un hecatombe. Su silencio era un grito, su serenidad la ira, no era necesario un sonido, estaban escritas sus palabras: No sabía si