No existen, no existirán, no han existido seres perfectos. Héctor es un ser común: tan común como la búsqueda desesperada por la perfección. Su cabeza, la de él, es perfecta: lo suficientemente redonda para ser reconocida como cabeza, lo suficientemente ancha para contener un cerebro, lo suficientemente suficiente para tener: dos ojos, una nariz y una boca. Héctor parece perfecto