Origami
No inicié doblándote en partes iguales, seguro por eso ahora no te noto perfecto, estable, armónico ¡NI SIQUIERA AGRADABLE! Debí doblarte en dos partes iguales, en una dejar lo menos malo, en la otra lo que queda: putrefacción. Una vez equilibrados los lados, debí trazar imaginariamente una línea perpendicular entre la corona de tu cabeza y el brazo áspero que abraza