Acerca de una película inmunda La cámara se detiene en las escenas más clichés: atardeceres coloridos dibujándose bellamente sobre el mar de Barents; la música imponente de Philip Glass suena de fondo a la par que un trío de gaviotas surcan el cielo realizando las típicas maniobras de filme romanticón donde las parejas se besan en el ocaso. El máximo clímax

Había una vez, en un bosque no muy distante de Pereira, (en una época electoral que sufrió el país) un gran auge de caperucitas contemporáneas deambulando por las calles; algunas recogiendo firmas y otras recorriendo la ciudad en busca de abuelas, lobos, leñadores y demás animales que deseen hacer parte de su ‘colectivo social’, encaminados a disfrazar la política y